
Hoy ha sido un día raro, porque ayer fue un día bastante feliz, me reí, observe, hablé, disfruté, simplemente fui, y fue genial. Pero hoy, fue abruptamente interrumpido por la impotencia, no vale realmente la pena pensarlo más, ni volver a recordarlo, ni volver a revivir esas emociones que me tuvieron en un estado completamente abnegado casi toda la tarde. No sé, más que darle más vueltas al asunto termine por abstraerme, porque no casualmente creo, me trajo de vuelta a mis reflexiones diarias.
Me hizo volver a las preguntas, que somos realmente? porque creo profundamente que no somos seres de esencia mala pero sí creo que estamos profundamente dañados, llenos de miedos y recuerdos que no nos dejan seguir, en parte el orgullo que no sirve de nada, en parte el miedo que tampoco sirve, las dudas, el rencor que envenena poco a poco el alma... son tantas cosas, que me alegro de haber dejado atrás, pero ahora traen consigo otras cosas, cosas como el desapego, sentir que en realidad las personas no nos pertenecen, ni nosotros a ellas, hace que las valore más, sentir que no hago las cosas obligada, me da esa sensación de libertad indescriptible, sentir que ahora puedo decir las cosas, es una cosa sin duda buena, pero chocar con gente que aun no comprende esta forma de sentir, de vivir, que sé yo, ver a gente sacándose los ojos por cosas tan basicas y sin importancia, o ver tanto sufrimiento autoproducido, me hace sentir frustrada, atada de manos, sin poder ayudar... hasta que recuerdo que cada uno tiene sus tiempos, que la vida es una espiral que no comienza ni termina, que sigue adelante y te lleva con ella sin importar nada.
Entonces vive, vive aquí, vive ahora, disfruta, siente lo que tengas que sentir, inclusive si parece que no sientes nada, o si no logras descifrar que rayos sea, tómalo, vívelo, y déjalo ir, no vale ni merece la pena quedarse pegada en cosas, no es justo ni necesario mantener ese orgullo, ese rencor, ese miedo, ese papel de victima a los que algunos tan fervientemente se aferran.
Yo no soy nadie para juzgar, me pregunto todos los días si hago lo correcto, recuerdo que no debo intentar manejar la vida de nadie (ni lo quiero, basta con la mía ya), y me limito a estar alegre, o calma, me limito a tratar bien a la gente, o a intentarlo. El sentirme desnuda, sin nada que esconder, sin vergüenzas ni apegos, ni ambiciones del ego, es sin duda un desafió todos los días, un desafío que te lleva a aprender y tomar de diferentes maneras antiguas situaciones, la vida ya no es un castigo, es una escuela, equivocarse es inevitable, pero aprender es obligatorio, a veces estarás arriba, otras abajo, pero sin importar en que lugar sea que estés en este momento, recuerda que la vida sigue y sonreír nunca esta demás...